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lunes, 2 de noviembre de 2026

NOVELA POLICIAL

 


Capítulo 1.

Amor, secretos y Varsovia


   Ismael Chutruc era una persona que desde niño odiaba la violencia y además, le fastidiaba la gente que cometía delitos contra sus semejantes. Reprochaba a los que ejercían el ponderado oficio de robar y sin embargo, con el paso del tiempo debió relacionarse con ellos, trabajar con ellos y cometer los mismos delitos que ellos. Porque al fin y al cabo la vida determinó, que sería uno de ellos.

    Voy a escribir esta historia aguardando que al leerme ayuden a aliviar su conciencia.
Va a ser como conversar con el cura confesor o mejor aún, con una psicóloga joven, atractiva de ojos verdes y cabellera rubia.

    Su día comienza temprano, con un sol a pleno. Son las once de la mañana y se levanta a desayunar. Su madre lo espera con un rico y humeante café con leche y medialunas servidas en la mesa del comedor, medialunas de grasa que compró al volver de misa en la iglesia de San Alfonso.-

- Queda poca plata, hijito- le dijo seriamente -Deberías hacer algo...y pronto…

- No te hagas problemas vieja. Tengo un “trabajo” para esta noche que me va a dejar una buena tajada de billetes...

-Entonces prepará bien tu herramienta. ¡No te olvides de cargar las balas! Ya sabes lo que le ocurrió a tu papá, que Dios tenga en la gloria...

    ¡Pobre su madre!. Jamás olvidaba que el padre confiado se quedó revisando todas las cajas del Banco en busca de más dinero, contra lo orden de su compinche que salió ileso, no le funcionó la pistola en ese Banco y los canas (policías) lo acribillaron a la salida, dejándolo huérfano. A partir de ese momento sus días cambiaron. Quiero decir, el transcurso de los días. Quiero decir, aquello que une y que al mismo tiempo marca la frontera entre un día y otro. De pronto la noche dejó de existir y todo fue un continuo de sol y luz.

     Por eso ella para su cumpleaños le regaló un hermoso revólver, un colt 38 de seis balas, es uno de los revólveres que jamás se traba y solamente había que cuidar de ceitado y que el cañón conservara su brillo. Dos veces por semana lo limpiaba y lo engrasaba, aunque no lo hubiera usado.

A veces me molestaba que mi madre fuera tan sobreprotectora, pero yo era lo único que tenía en este mundo y la comprendía perfectamente.

No sería fácil para ella perder a un hijo en la flor de la edad: culto, ingenioso y, lo digo sin falsa modestia, también bastante buen mozo.

A propósito, en la calle Varsovia, a media cuadra de Bucarelli, vive una minita que me tiene loco. Es delgada, tiene los ojos color miel, la piel blanca y el pelo castaño, aterciopelado. Su boca es hermosa cuando se ríe y tiene una manera elegante de caminar.

Cuando nos cruzamos en la vereda, apenas la recorro con mis ojos enamorados, baja la vista. Y, a pesar de todo lo que le digo, se hace la sota y ni siquiera me mira. Eso me hace sentir correspondido en mi amor, aunque ella, seguramente, sea muy tímida y no quiera demostrar sus sentimientos.

Debe de haber sido criada a la antigua. Mejor, porque así debe ser una novia, me dice mi madre.

Un día de estos la voy a encarar de verdad y le voy a plantar un par de besos por sorpresa en esos labios carnosos. A ver cómo reacciona.

A la hora del almuerzo le cuento a mamá que voy a escribir un blog. Ella no entiende qué diablos es eso, pero se alegra de que empiece a utilizar la computadora que me tocó en un robo que hicimos con unos amigos.

Yo quería llevarme un televisor de veintinueve pulgadas que estaba rebueno, pero hicimos un sorteo y le tocó a Ruper. ¡Mala suerte!

Estoy escribiendo esto con la ayuda de Word, porque mi ortografía no es muy buena. Lo voy a imprimir y después lo llevaré al ciber para publicarlo. Luego haré una siesta y me prepararé para el trabajo de esta noche.

Debo estar muy alerta, porque me parece que será un laburo bastante peligroso.

Mamá se imagina que será un simple robo y yo no quiero que se preocupe si llega a enterarse de que, en realidad, será…

continuara mañana.