UNA CITA FATAL, CINCO CONDENADOS Y UN CRIMEN QUE CONMOCIONÓ A LA ARGENTINA
La joven tenía 22 años y era madre de una niña pequeña. Una fotografía desencadenó una trama de celos, amenazas y venganza que terminó con su vida. La Justicia reconstruyó el plan criminal, condenó a cinco personas y, en octubre de 2026, se conoció una nueva resolución de la Corte Suprema.
Una joven, una hija y un destino que nadie imaginaba
Agostina Gisfman tenía 22 años y vivía en Cipolletti, Río Negro. Era madre de una niña pequeña y atravesaba dificultades económicas y personales. Para mantener a su hija realizaba distintos trabajos ocasionales y también ofrecía servicios sexuales.
Su vida transcurría lejos de los grandes titulares periodísticos. Sin embargo, en mayo de 2021, su nombre quedó asociado a uno de los femicidios más estremecedores de la Patagonia.
Agostina no murió como consecuencia de un encuentro fortuito ni de una discusión que se descontroló. Según estableció la investigación judicial, fue atraída mediante un engaño hacia un lugar apartado, donde la esperaban quienes habían organizado su asesinato.
Detrás del crimen había una historia de relaciones personales, celos y exigencias que fue reconstruida por los investigadores a partir de testimonios, comunicaciones telefónicas, audios y otros elementos probatorios. <Cite refs={["turn796343view0","turn494706search7"]}/>
Una fotografía que desencadenó la tragedia
La historia comenzó en marzo de 2021.
Juan Carlos Monsalve, un taxista que estaba casado con Ana María Perales, había recurrido a un conocido, Gustavo Alejandro Chianese, para que lo contactara con una mujer que ofreciera servicios sexuales.
Chianese, quien trabajaba en una gomería de Cipolletti, lo puso en contacto con Agostina. La joven y Monsalve mantuvieron al menos dos encuentros, según la reconstrucción publicada sobre la causa.
Durante uno de ellos se tomó una fotografía frente a un espejo. En la imagen aparecía Monsalve detrás de Agostina y, de acuerdo con la investigación, esa fotografía llegó a manos de su esposa.
Perales descubrió así la relación de su marido con la joven.
Lo que siguió fue determinante para el desarrollo de los acontecimientos. Según la acusación fiscal, Ana María Perales exigió a Monsalve que matara a Agostina y le advirtió que, si no lo hacía, pondría fin a la relación.
La exigencia no quedó, de acuerdo con la investigación, en una amenaza pronunciada durante una discusión. La Fiscalía sostuvo que Perales actuó como instigadora del crimen y que Monsalve terminó aceptando llevar adelante el asesinato.
El 11 de mayo de 2021, Perales abandonó la vivienda que compartía con su marido en Centenario y se trasladó a San Javier, en la provincia de Río Negro, junto con el hijo de ambos.
Mientras tanto, Monsalve buscaba la manera de encontrar nuevamente a Agostina, cuyo paradero desconocía.
Para lograrlo, volvió a recurrir a Chianese. <Cite refs={["turn796343view0","turn494706search4"]}/>
Los audios que revelaron la preparación del crimen
Uno de los elementos más importantes de la investigación fueron las comunicaciones entre los involucrados.
La Justicia recuperó mensajes de audio intercambiados antes del asesinato. En ellos, Chianese hablaba de localizar a la joven y de las dificultades para llevar adelante lo que denominaban un trabajo.
Esas conversaciones adquirieron una importancia decisiva porque permitieron a los investigadores sostener que no se trataba de una reacción improvisada, sino de una maniobra preparada con anticipación.
El 14 de mayo, Chianese consiguió localizar a Agostina. Le comunicó a Monsalve que la habían encontrado y que podían avanzar con el plan.
Después se comunicó con la joven y le propuso un nuevo encuentro con el taxista. Le indicó que debía concurrir a la rotonda de la ruta 151 y la avenida de Circunvalación, en Cipolletti.
Agostina aceptó.
No sabía que aquella cita, presentada como un encuentro por el que recibiría dinero, terminaría siendo una emboscada.
Ese mismo día, alrededor de las 18, Monsalve alquiló una camioneta Chevrolet Tracker negra. Poco después se comunicó telefónicamente con su esposa.
Agostina dejó a su hija al cuidado de su madre y se dirigió al lugar acordado. Un amigo la acercó hasta allí.
Cerca de las 19.20, subió a la camioneta de Monsalve.
Era el comienzo de su último recorrido.
El viaje hacia la meseta de Centenario
Monsalve condujo la camioneta hacia la zona de la meseta de Centenario, en la provincia del Neuquén.
En el trayecto se comunicó con Julio Maximiliano Zapata, un empleado suyo. La reconstrucción fiscal indicó que, cuando se produjo esa comunicación, Agostina ya había sido golpeada dentro del vehículo.
Aproximadamente a las 20.11, la camioneta llegó a un descampado próximo a las calles Juan Domingo Perón y José Brillo, en un sector utilizado como basural.
Poco después apareció otra camioneta, una Chevrolet S10 propiedad de Perales. En ella viajaban Zapata y Enzo Claudio Monsalve, sobrino de Juan Carlos.
Los tres hombres quedaron reunidos en aquel lugar apartado.
Según la acusación que el jurado consideró probada, Agostina fue atacada por los tres. Recibió al menos dos puñaladas que le provocaron un shock hemorrágico.
Después de matarla, los autores incendiaron su cuerpo e hicieron abandono del lugar aproximadamente a las 20.40.
La brutalidad del ataque y el intento de destruir los restos de la víctima agravaron todavía más la conmoción que provocó el caso.
Mientras tanto, las comunicaciones telefónicas continuaban formando parte de una secuencia que, posteriormente, sería examinada por la Fiscalía.
El cuerpo de Agostina fue encontrado al día siguiente, después del mediodía, por un hombre que caminaba circunstancialmente por la zona.
La investigación dejó de ser entonces la búsqueda de una persona desaparecida para convertirse en la reconstrucción de un femicidio planificado.
Cinco personas, cinco responsabilidades judiciales
Los investigadores analizaron comunicaciones, mensajes, movimientos y cámaras de seguridad. Con esos elementos, la Fiscalía reconstruyó la intervención de cinco personas.
Juan Carlos Monsalve: fue considerado coautor del homicidio. Recibió a Agostina, la trasladó hasta el lugar del crimen y participó directamente en el asesinato.
Enzo Claudio Monsalve: sobrino de Juan Carlos, fue considerado coautor por su participación directa en el ataque.
Julio Maximiliano Zapata: empleado de Juan Carlos Monsalve, también fue condenado como coautor del asesinato.
Ana María Perales: esposa de Juan Carlos Monsalve. La Justicia la consideró instigadora del crimen, al establecer que había exigido a su marido que matara a Agostina.
Gustavo Alejandro Chianese: fue condenado por su participación en la maniobra que permitió localizar a la joven y atraerla mediante el engaño hasta el encuentro con Monsalve.
La distinción entre estas responsabilidades es importante: cuatro de los condenados fueron considerados responsables del homicidio agravado en calidad de coautores o instigadora; Chianese recibió una condena por participación secundaria.
La Justicia no juzgó solamente a quienes estuvieron en el lugar del asesinato. También examinó el papel de quienes, según la acusación, contribuyeron a preparar el engaño que hizo posible el crimen.
Un juicio que debió comenzar nuevamente
El camino judicial tuvo un episodio extraordinario.
El primer juicio por jurados comenzó en septiembre de 2022. Durante ese proceso, Juan Carlos Monsalve reconoció haber matado a Agostina, aunque intentó desvincular al resto de los acusados y dio una explicación sobre el supuesto motivo del crimen que no coincidía con la reconstrucción de la Fiscalía.
Cuando el debate estaba próximo a concluir, ocurrió un hecho que comprometió la imparcialidad del jurado.
Uno de sus integrantes encontró en el baño destinado a los jurados dos mensajes intimidatorios: «Voten bien» y «Sabemos dónde viven».
La jueza Leticia Lorenzo consideró que esas amenazas podían afectar la libertad con la que debían deliberar los integrantes del jurado. Por ese motivo, el primer juicio fue anulado y debió realizarse nuevamente.
El segundo debate comenzó el 11 de octubre de 2022. Tras cinco jornadas de audiencias, el jurado popular deliberó durante aproximadamente cuatro horas.
El 18 de octubre llegó el veredicto: las cinco personas acusadas fueron declaradas culpables.
La decisión representó un avance decisivo para la familia de Agostina, que había soportado no solamente la pérdida de la joven, sino también la incertidumbre de un proceso judicial que tuvo que empezar de nuevo por las amenazas contra los jurados. <Cite refs={["turn494706search7","turn796343view0"]}/>
Las condenas: cuatro prisiones perpetuas y once años de cárcel
El 29 de noviembre de 2022, el juez Luis Sebastián Giorgetti impuso las penas correspondientes.
Juan Carlos Monsalve, Enzo Claudio Monsalve, Julio Maximiliano Zapata y Ana María Perales recibieron prisión perpetua, por el homicidio agravado por alevosía, por el concurso premeditado de dos o más personas y por haber sido cometido contra una mujer en un contexto de violencia de género.
Gustavo Alejandro Chianese recibió inicialmente una pena de trece años de prisión. Posteriormente, el Tribunal de Impugnación redujo esa condena a once años de prisión, de acuerdo con su responsabilidad como partícipe secundario.
La diferencia entre las penas respondió a las distintas calificaciones jurídicas atribuidas a cada condenado y a su intervención en el hecho.
Octubre de 2026: la última novedad judicial
El caso volvió a ocupar las noticias nacionales a fines de octubre de 2026.
Según informó Infobae el 31 de octubre, la Corte Suprema de Justicia de la Nación rechazó por inadmisibles las quejas presentadas por las defensas de Enzo Monsalve, Julio Maximiliano Zapata y Ana María Perales.
Con esa resolución quedaron firmes las condenas a prisión perpetua de esas tres personas. La condena de Juan Carlos Monsalve ya había quedado firme con anterioridad.
La pena de Chianese, por su parte, había sido reducida a once años de prisión.
De esta manera, el caso alcanzó una nueva instancia de cierre judicial: los intentos de revisión de las condenas de los tres acusados que recurrieron ante la Corte Suprema no prosperaron.
Una reflexión final: la vida que no vuelve
La historia de Agostina Gisfman deja una pregunta dolorosa: ¿Cómo puede una vida convertirse en el blanco de una venganza ajena?
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