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lunes, 1 de agosto de 2016

I Certamen Literario Internacional Pleamar del Microrrelato Romantico.

El Centro Cultural Kemkem y Libros Kemkem de Lomas de Zamora convocan al I Certamen Literario Internacional Pleamar del Microrrelato Romantico.



1. Participantes: Podrán participar personas mayores de 16 años de edad, sin restricción de ciudad, provincia o país. Máximo: un microrrelato por participante.

2. Temática y textos: La temática de los Microrrelatos será el género romántico todo lo referente al romanticismo y el amor. Podrán presentar un microrrelato, con una extensión de hasta CIEN PALABRAS, ENTRE LAS QUE SE INCLUIRÁ EL TÍTULO, impreso en  Hoja A4, fuente Times New Roman, cuerpo 12. Las obras deberán estar firmadas con seudónimo, ser inéditas al momento de la presentación en este concurso, y no haber sido premiadas en otro concurso ni hallarse pendientes de premiación.  
3. Presentación de los textos y plazo de recepción: La presentación de los trabajos se hará: a) por correo electrónico a la dirección plazadelospoetas2@hotmail.com en formato DOC (Word). En un adjunto el microrrelato con seudónimo y en otro adjunto los datos reales y una pequeña biografía del autor. b) Por correo convencional: Aquellos que no utilicen Internet podrán presentar su obra personalmente o por correo en un sobre en cuyo exterior figure:I Certamen Literario Internacional Pleamar del Microrrelato Romantico.  - Centro Cultural Kemkem - Calle 527 Nº 366 - C.P. 7631 – Quequén - Provincia Buenos Aires - República Argentina. En este caso, las obras se presentarán por duplicado y firmadas con seudónimo.
Dentro de ese sobre se incluirá otro, en cuyo exterior constará título de la obra y seudónimo; y en su interior contendrá una hoja con el nombre completo del autor, número de su Documento Nacional de Identidad o su equivalente, domicilio, teléfono y correo electrónico y una pequeña biografía. Mencionar si desea que se incluya su nombre como autor del relato en las obras que pudieran exponerse una vez se haya resuelto el premio (Sí/No).El certamen abrirá el 1 de agosto de 2016 y cerrará el 30 de noviembre de 2016 a las 24:00 horas. Importante: Tener en cuenta, quienes envíen sus obras por correo tradicional, que se recepcionarán aquellas que lleguen con sello postal de la fecha de cierre.
4. Premios: Se establece como primer premio una placa de cemento, a inaugurarse durante el año 2017, donde figure el texto completo del microrrelato,  que se colocará en las plazoletas adyacentes al monumento de Malvinas.
Desde el Primero al Décimo premio se entregarán diplomas. Del 11° al 20° puesto se entregará una mención especial a cada participante. 
Estos puestos serán determinados por un jurado del Centro Cultural Kemkem presidido por el señor Juan Manuel Montero Lacasa. Los premios se concederán en el orden en el que han sido descritos. El fallo del jurado será inapelable y se publicará  el día 15 de diciembre de 2016 en la página del grupo  y en el Blog Plaza de los Poetas en los medios de difusión locales y nacionales. La premiación se realizará  a mediados de enero de 2017 en lugar y hora a determinar.


. Consideraciones legales


El hecho de participar en este concurso implica la total aceptación de las bases. El jurado quedará facultado para interpretar estas bases y resolver cualquier incidencia o situación no prevista, según considere más acertado. El participante, por el hecho de presentar el poema al concurso, afirma que la obra es original y de su propiedad y, en consecuencia, se hace responsable respecto a su propiedad intelectual y patrimonial por cualquier acción o reclamación que al respecto pudiera sobrevenir.Los trabajos premiados quedarán en poder del Centro Cultural Kemkem, siendo del mismo la titularidad de los derechos de explotación de las obras, durante el plazo máximo de cinco años, quedando sobreentendida la cesión de la propiedad intelectual durante ese plazo.  La propiedad de los trabajos no premiados corresponderá a sus autores, que podrán publicar sus obras donde consideren más oportuno. Reservándose el Centro Cultural Kemkem el derecho no exclusivo a utilizar los poemas participantes de la forma más conveniente para cumplir el objetivo del Premio y sin que los autores tengan derecho a reclamar compensaciones de ningún tipo por este uso. Siempre que se publique uno de los poemas de los participantes se hará mención de su autor si así lo indicó en el momento de la inscripción en el concurso (si indicó que prefiere no figurar como autor con su nombre o no respondió a la pregunta se mencionará el seudónimo en lugar del nombre real).

jueves, 27 de noviembre de 2014

SAUDADES DE QUEQUEN

   De noche algunas veces me asalta el insomnio, tengo un leve sueño para siempre volver a despertar.
   Y salgo a caminar por las calles como si fuera la primera vez, paso frente a la iglesia Stella Maris, observo pensativo su atrio, antesala de la entrada. Y el rio Quequén con su puerto, con sus barcos de papel cargados de ilusiones, navegando el tiempo.
   Después, remonto la calle costanera, descanso un poco frente al hotel Quequén observo sus paredes amarillas, (ellos me hacen recordar aquella cena que apreciamos una noche en su lujoso restaurant) camino hacia la plaza “3 de Agosto” y no resisto la tentación de sentarme en uno de sus bancos de cemento, con la iglesia Stella Maris y la costanera “Juan de Garay” a mis espaldas. Ellos están en silencio, tal vez, pensativos.
   Luego de haber descansado, camino lento hacia la famosa
pileta del antepuerto, bajo las escalinatas como quien desciende a un abismo eterno, escucho el movimiento de la marea. Tomo por la Ate Brown hacia la plaza de los Niños desde ahí paso hasta el apeadero Quequén-Necochea donde sólo quedan  ruinas y eludiendo obstáculos  bordeo la rivera del Rio Quequén subo hasta la Loma de Gil allí donde Pedro Luro en 1870 realizó el primer embarque.
   No sé por qué, me viene a la memoria cuando vivíamos en aquella otra casa antigua, de la calle Malaespina, con su amplio patio, jardín al frente y el fondo poblado de árboles siempre verdes y pájaros, trinando en la mañana como sonoros despertadores. Recuerdo que eran otros tiempos cuando mi padre jubilado  se sentaba a la mesa aguardando la cena. Aquella sopa humeante, el pan fresco y medio litro de vino tinto, papa bebía apenas un vaso con soda. Era cuando se oía radio, aquellos programas como olvidarlos, la cabalgata Gillette, los Pérez García, la locución, la música en vivo, el noticiero Esso y de tarde las novelas que escuchaba mamá.
   Recuerdo cuando papá contaba su triste historia de necesidades. El abuelo había quedado sin trabajo y lo hizo abandonar la escuela primaria en segundo grado, enviándolo junto a su hermano dos años menor a recoger carbón en el puerto de Dock Sud para venderlo y hacerse de dinero.
    Así trascurrió su vida hasta que pudo entrar a la Chade, la compañía de luz. Lo observaba siempre tan sufrido pero a su vez tan pujante, tan emprendedor y tan medido. Aquella casa era linda, se respiraba amor, alegrías y tristezas.  Luego que murió mamá, papá siguió viviendo en Malaespina, se consolaba cuidando el jardín y pintando cada tanto las paredes como queriendo encontrar el color de la vida.
    Ahora recapacito lo que quedó atrás, cuando yo era niño tomado de la mano de mis padres, yo no lo sabía, era la seguridad que hoy a veces me falta, la firmeza contra duda que me paraliza. Ayer mismo subí a mi auto y comencé a conducir y me pregunté, ¿adónde voy?... escuché la voz del viento susurrando entre el follaje…”va…va…”
    ¡No me resigno! Sé que los muertos no regresan. Pero quisiera que ellos volvieran, que me abrazaran fuertemente y me cubrieran con frazadas calientes en invierno. Y al llegar el verano, caminar juntos tomados de la mano desde la escollera de Quequén hasta Punta Carballido, como era antes, sin hablar, mirando como rompen las olas y luego besan las playas, pensando, sólo pensando…
   Sólo que…cuando llega la noche…
   De noche a veces no duermo. O apenas tengo un leve sueño, para volver a despertar.
   Sé que ellos andan por la casa. Los llamo…pero fingen no oírme.
   Siempre tuve la esperanza que oyesen mis suplicas. Los oigo andar por mi dormitorio, con leves pasos, otras veces, balancean las blancas cortinas de la ventana…
  La otra noche me pareció oírlos hablar en el comedor que está cerrado desde que papá murió…
  Yo sé. Ellos se esconden de mí. ¿Por qué?
  Y la pregunta queda suspendida en el espacio sin respuesta alguna. ¡Papá, mamá!