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lunes, 13 de marzo de 2023

HISTORIA INÉDITA "EL MUNDO DEL BACÁN DE QUEQUÉN" Carlos Bonserio

 


EL MUNDO DEL BACÁN DE QUEQUÉN

Enero de 1990, vacaciones, con gran esfuerzo había comprado una modesta casa en Quequén, a dos cuadras del mar. Tipo 9 de la mañana compré el diario, tomé una silla playera y me fui a la playa, nadie andaba. Mis pequeños hijos y mi esposa dormían.
Esa soledad marina matutina era ideal para descansar de estres del gremialismo.
Sentado a la orilla de la lengua del mar, sintiendo como rompían las olas y leer el diario en la playa era una excelente experiencia. De pronto se apareció de la nada y sentí una voz ronca que dijo: vos, si que la pasas bien, sos un bacán. Se paró frente a mi diciendo como se te nota que disfrutas del mar y la playa y te olvidas de todo. Lo miré, era el entrañable amigo Adriano Cellentano. Hablamos un rato recordando anécdotas y riendo con ganas y al final como llegó se fue, mientras se alejaba murmuraba: hoy sos un bacán.
Son hechos irrepetibles.
Uno no es el mismo, las playas se han vuelto populosa y el amigo no volvió más.



martes, 28 de febrero de 2023

TREN A QUEQUEN - AUSENCIA- CERTAMEN DE MICRORRELATOS AL TREN - OSCAR JOSÉ ROLLERI


 Ausencia


Caminando anchas llanuras, sierras y montañas
te has ido tren, con tus acompasados pasos
desde tiempos ya lejanos,
bajo cielos claros,
a dormir la siesta sobre los duros quebrachos.

Te acunan el soplo de los vientos de la pampa,
soles inclementes,
los fríos de la escarcha,
ásperos gritos de chajá
y silbos de perdiz, preludio de noches estrelladas.

Duermen contigo los largos y oxidados brazos
que enhebraron horizontes
tajeando los altos y pardos pastizales de la patria
y tus esfumados vapores, tren,
que niegan su vuelo hacia las nubes claras

Detrás de tus bielas veloces y raudas ruedas rojas,
de tus suspiros, tus leños y tus fuegos,
se fueron con vos las viejas estaciones,
la encomienda para el hijo y la esperada carta,
las cargas, los pitos, las campanas,
los ojos ansiosos, fijos donde la visión se agota
ávidos de la estela oscura que palpita tu llegada.

En desiertos andenes, entre la hojarasca
murmuran aún las voces agitadas de la espera,
anhelos e inquietudes de viajeros,
los abrazos, el llanto en la partida,
la alegría del regreso,
la mano del guarda que atusa su bigote
y el telegrafista en la ventana
bajo la mirada atenta del reloj, cercano al techo.

Con la brisa resuena quedo tu silbato en los cristales,
rayos y truenos albergan tus chispas y rugidos
y un yuyo mustio te ha guardado el humo
para que no lo robe la envidiosa nube de tormenta.

En un rojo atardecer que contrasta un monte
descansan tu cansancio de rodar,
las fatigas del vapor, tus aceros marrones
las miradas perdidas en sueños y grises lejanías
sudores de quebracho y de carbón,
la puntualidad que registra la libreta,
las bromas del peón y el guardavías,
la señal, el farol y la barrera.

Dónde estará la pluma que te condeno al letargo.
Donde, el hombre aquél que condenó al hombre
a la ausencia de trabajo.
En qué fosa, de cual abandonado galpón,
quedó guardado, decime tren, tu silbido del final,
anunciando tu partida hacía el ocaso.




Autor: OSCAR JOSÉ ROLLERI

viernes, 10 de febrero de 2023

ANGELA BEATRIZ ARTIGAS MENCION ESPECIAL MICRORRELATOS CERTAMEN CENTENARIO PUERTO QUEQUEN

 La otra

El Miura zarpó de Quequén, hizo dos bramidos como despedida, llovía

Un gris total me envolvía. Vos atravesabas la distancia en el navío.

Empecé a sentir el frío de la despedida; y recordé la noche en que nos conocimos: Fiesta de los Pescadores en la villa costera; y el destino, que jugaba con la sorpresa, nos llevó hasta donde nos vimos.

Al mirarnos sentimos el flechazo, me saludaste con tu acento español, ya no nos separamos, reímos, bailamos y bebimos demasiado…; después fuimos abrazados hasta mi puerta, subimos las escaleras, nos recibió mi cuarto, testigo del romance que nacía como una historia prohibida.

Fue un idilio sin promesas; a vos te esperaban en otras tierras, yo solo sabía que quería mi libertad

Al marcharte, un ancla en nuestros corazones no dejaba soltar amarras, quedamos encallados, tomados de las manos, soñando con un regreso. Después, fueron las llamadas de los sábados a la tarde, cuando estabas a solas y ella no te oía, o cualquier madrugada, cuando me avisabas que habías llegado a un puerto del Caribe, y yo te decía: --Acá hace frío y el viento arrecia, ya no me importaba ser la otra porque formaba parte de tu vida, aunque siempre me ocultarías.

Cuando volvías, cada incontables meses, la separación se hacía pedazos, en esos días tirábamos a la basura la distancia y olvidábamos en un cajón la lejanía.

Pero llegaba la partida, y con ella la añoranza y la melancolía.

El nuestro fue un amor sin ataduras, un tiempo corto, de pasión, y después la espera, y el correr a la ventana para ver en el mar, ese un punto en el horizonte que me anuncia que regresas.

Ahora quiero soñarte, quiero entender que soy la otra, la que en Quequén te espera.



Ángela Beatriz Artigas

  QUEQUEN  

Biografía: Docente jubilada, me desempeñé en la ciudad de Cinco Saltos, Río Negro, como maestra y Profesora de Lengua. En la actualidad vivo en Quequen,. Tengo dos libros publicados: SIMPLES PALABRAS – Y – COMO HOJAS AL VIENTO; ambos de poesías y cuentos cortos, realizados durante mi carrera docente, con material adecuado para el trabajo áulico

jueves, 8 de diciembre de 2022

LILIANA GARAFFFO MENCION ESPECIAL MICRORRELATO CERTAMEN CENTENARIO PUERTO QUEQUEN

 


Puerto

Ya se escucha el murmullo del Quequén Grande que desde lejos viene trayendo en su derrotero un susurro de celebración anticipando la llegada a su desembocadura; sus aguas dulces se agitan, se enredan y se harán una con las olas suaves del mar para festejar en una danza única e irrepetible, tu esencia centenaria.

Desde la distancia el faro, que sabe de honores, se yergue orgulloso uniéndose a tu celebración, custodiando y cumpliendo fielmente su propósito de guiar los barcos hasta tu garganta.

¡Hay algarabía en los corazones Quequenenses y Necochenses, pues cumples maravillosos 100 años, Puerto de Quequén!

Cien años de vida ininterrumpida, cien años de labor fecunda, abriendo de par en par tu alma al mundo.

En tu cuerpo de piedra laten ilusiones, sueños y esperanzas; las mismas que palpitaron aquellos hombres que te pensaron hace una centuria, que te soñaron desafiando la adversidad, los escollos del camino; y te pensaron fuerte, pujante, decidido, y capaz de alcanzar la prosperidad, dando a tu pueblo la posibilidad de perfeccionarse, crecer y desarrollarse cada día.

De ti parten al mundo como golondrinas, cosechas de granos de esta bendita tierra, variedades de peces que regala el mar sin retaceos, maderas de las inmensas plantaciones que recorren nuestro territorio fértil y bondadoso, y miles de sub productos que las manos de los hombres que habitan este suelo, producen y elaboran con ahínco para ofrecer a otros países manufacturas de calidad.

Puerto insigne, pionero de nuestra Patria, cobijado entre tus escolleras, acariciado por el mar y el viento, compañeros inseparables, hoy luces renovado, con un futuro venturoso y floreciente bajo el reconocimiento de toda nuestra Nación que se solaza en tu aniversario, deseando para ti y las personas que allí se desempeñan otros cien años de labor provechosa y sin límites.

 

LILIANA MARIA GARAFFO

 

Bell Ville, Pcia de Córdoba

Participo activamente de un grupo literario donde comparto el gusto y el amor por la lectura y la escritura.

He publicado obras en diversas Antologías y he tenido la dicha que algunos de mis trabajos hayan sido premiados como por ejemplo, m

RUBEN MARTIN DE ESPAÑA MENCION ESPECIAL MICRORRELATO CENTENARIO PUERTO QUEQUEN

 

VIEJAS LEYENDAS

Un bostoniano

Más de una tarde, los paseos de este anciano acaban en el filo del acantilado. De niño, madre me regañaba por frecuentarlo; pero no existía mejor otero para gozar el paso de los barcos que arribaban al puerto de Quequen o, rebosantes de cereal, partían de sus muelles.

La nostalgia me hizo reabrir el casón familiar, a poco menos de una milla del faro. Que a Turín no la bañe el mar también ayudó lo suyo a mi vuelta. Cada vez que le dedico una mirada a su blanquinegro porte, me ensueño perforando la red con los colores de la Vechia Signora. De una temporada gloriosa en San Lorenzo a la Juve y al estrellato mundial en los setenta…

Luego, antes de deshacer la andada y sentarme en la butaca a devorar cualquier libro pendiente, le agradezco que sus destellos no hubieran podido hacer mucho por el Monte Pasubio.

El vapor que enrolaba al abuelo encalló una noche de tormenta allá por el año 1924 y no todos los marineros que pisaron los arenales de Necochea regresaron a su bota patria. A Edmundo Mozzafiato lo encandiló una dicharachera muchacha… Era bello como la abuela Engracia. Juntaron las iníciales de sus nombres para siempre, y de un naufragio…

Padre fue hijo único. De él aprendí a desmarcarme y ese toque con endiablado efecto que aportó tantos goles para el recuerdo de una miscelánea de hinchadas… Jugué en tres grandes equipos, cierto es, pero ese sabor especial que dejaron los gritados por los seguidores de la albiceleste… De sabores deliciosos va una parte de la vida, como la silueta de esos imponentes navíos salvando el furor del oleaje.

  RUBEN MARTÍN CAMENFORTE  

 Licenciado en Historia por la UAB. A ratos me entretengo escribiendo y algunos de mis relatos han logrado hacerse un privilegiado hueco en algún que otro concurso literario como los primeros premios en el Fundación Villa de Pedraza, Cuentamontes, El Laurel, Manuel Rivas, Por la Tierra…

ANGEL MARIO MORANO DE LANUS MENCIÓN ESPECIAL CERTAMEN DE MICRORRELATO CENTENARIO PUERTO QUEQUÉN

 

MICRORRELATO CENTENARIO PUERTO QUEQUÉN


Puerto amigo

 

Barrancas altas amanece. Un siglo y mil doscientas lunas llenas en un suspiro de la eternidad. Convergen los sueños en esta morada de almas nobles, barcos vivos, quillas quebradas y naves encalladas. Despojos de otros tiempos de hombres y mujeres que abrazaron agonías, vigilias, misterios, lejanías.

Puerto amigo de las ansias más profundas, de anhelos que izan velas y navegan por el mundo. Pescadores, transportistas y amadores de la mar, portadores de alegría en los muelles de la vida. Ruidos, luces, sombras, ecos de cetáceos que menean bajo el fulgor del sol naciente.

¡Ahí va el Caribea! Suelta amarras e inicia su periplo fantasmal, por un fino laberinto entre escolleras y restingas, en el medio de la gala de una negra tempestad. Solo, sin bandera ni ilusión, busca amparo o rendición en la Bahía de los Vientos. Y en la orilla, más allá, otros pecios derruidos, a instancias del olvido, en la noche son lamentos.

Mientras el faro centellea sobre la espuma que trae el oleaje ¡brindemos!, por cien años más y miles, por los prácticos, cargadores, amarradores y otros bien trabajadores ¡quienes salvan vidas!, los de antes, los de ahora, de aquí y de todos los pabellones. ¡Brindemos! aunque nuestro espíritu encienda melodías y versos impregnados de reminiscencias tangueras, sentimientos mansos o crispados. ¡Si hasta el mismísimo Poseidón atesora la memoria del Puerto Quequén! donde atracan los deseos y renace la esperanza, donde el ingenio y la perseverancia se iluminaron por un hermoso ideal, con humildad, sin arrogancia.

El silencio trae un nuevo atardecer. Mientras la ciudad se alumbra, los pájaros entonan una canción festiva. La brisa marina dibuja un mensaje en la playa: mañana zarpa un barco cargado de semillas, que pondrá la invencible proa hacia la cosecha de nuestros mejores días.


Angel Mario Morano

 

Tengo 59 años. Nací en Lanús, Provincia de Buenos Aires, el 15 de julio de 1963, y es la ciudad en la cual vivo.

Soy Profesor de Ciencias Políticas y Jurídicas y he estudiado también la carrera de Producción Musical.

 

SANTIAGO MULLER MENCIÓN ESPECIAL EN MICRORRELATO CERTAMEN CENTENARIO PUERTO QUEQUEN

 

No es solo el puerto.

En los brazos, de su padre, mi abuelo cuando era niño, apenas muestra visible la foto desde el ayer. La saco un atardecer un fotógrafo extranjero, entre los cientos de obreros que eran parte del plantel, que a la escollera del puerto le ayudaron a crecer.

Una legua, más o menos, el cabalgaba a diario, llevando desde su rancho, recién salido del horno el pan casero a su padre, que ha la hora del descanso de varios, saciaba el hambre.

El conoció a Don Greco, que oficiaba en ese entonces, como práctico del puerto. De Gardella y Ángel Murga, sabía de sus esfuerzos y el sueño de ver un puerto, mirando hacia el mar abierto.

Al regreso hacia su rancho, por contemplar el paisaje, sobre El Puente de las Cascadas, que cruzaba el Río Grande, solía detener su marcha y aventurarse a la pesca.

Así fue como mi abuelo, al puerto hoy centenario, fue viendo crecer de a poco, como crecieron sus años.

Siguió sus pasos mi padre que junto al puerto, su hogar, construyo para abrigar, lo que hoy es, su descendencia.

En el puerto desde joven por su progreso él trabaja, con esfuerzo y la constancia de quienes fueron pioneros.

De los quehaceres diarios de su labor en puerto, él me brinda hoy su experiencia agradeciendo ser parte, de lo que ayer, fuera un sueño.

Al hablar del Puerto Quequén, mi voz denota el orgullo, que siento, por lo que es, para mi pueblo y el mundo, el hecho de existencia.

El puerto, no es solo el puerto, es de mi vida su esencia.

El puerto





Santiago MULLER