Buscar este blog

Mostrando entradas con la etiqueta HISTORIA HOTELES. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta HISTORIA HOTELES. Mostrar todas las entradas

martes, 13 de octubre de 2026

HISTORIA SECRETA DE LA HOTELERIA DE NECOCHEA


Del esplendor de los grandes hoteles al recuerdo de una época

Cuando hablamos de la historia de Necochea, recordamos sus playas, el Parque Miguel Lillo, el puerto y aquellos veranos que marcaron a varias generaciones. Pero hay otra historia que merece ser contada: la de sus hoteles, aquellos establecimientos que recibieron a los primeros viajeros y acompañaron el crecimiento turístico de nuestra ciudad.

Porque, como dice el refrán, cada pueblo tiene su historia y cada historia guarda sus secretos.

Los primeros pasos

Necochea fue fundada el 12 de octubre de 1881 y, casi desde sus comienzos, necesitó lugares donde alojar a comerciantes, viajantes y familias que llegaban a conocer la nueva población.

Uno de los primeros establecimientos fue el Hotel El Progreso, que ya existía en 1882.

Poco después, el mar comenzó a convertirse en el gran atractivo. En 1883, Julián Azúa impulsó una primitiva casa de baños y, posteriormente, el establecimiento conocido como San Sebastián Argentino.

Así comenzaba a tomar forma una actividad que con el tiempo sería fundamental para la economía local: el turismo.

Las comodidades eran modestas, los caminos difíciles y viajar exigía paciencia. Pero Necochea tenía algo extraordinario: sus extensas playas y ese horizonte marino que invitaba a quedarse.

Como suele decirse, el que siembra, cosecha. Aquellos pioneros sembraron una idea que las generaciones siguientes se encargarían de desarrollar.

El esplendor de los grandes hoteles

Con la llegada del siglo XX, la hotelería necochense comenzó a vivir una etapa de crecimiento.

En 1908 se inauguró el Hotel Necochea, un establecimiento de importancia que contaba con numerosas habitaciones, restaurante y amplios salones para reuniones y actividades sociales.

Otro protagonista fue el Hotel Marino, ligado a la familia de José Marino y Genoveva Piloni, cuya trayectoria hotelera había comenzado en 1887. El edificio de la avenida 79 y calle 4, inaugurado en 1910, se convirtió en un símbolo de aquella época.

También se destacó el Hotel París, sucesor del antiguo San Sebastián Argentino.

Aquellos hoteles eran mucho más que un lugar para pasar la noche. Sus comedores reunían a los huéspedes, sus salones eran escenario de encuentros y sus habitaciones recibían a familias que, muchas veces, regresaban cada verano.

Eran tiempos en los que las vacaciones podían durar semanas y el hotel formaba parte de la experiencia turística.

¡Cuántas amistades habrán nacido alrededor de una mesa y cuántos recuerdos habrán quedado guardados entre aquellas paredes!

Porque, como dice el viejo dicho, recordar es volver a vivir.

Los hoteles del centro

La actividad hotelera no se limitaba a la zona de playa. En el centro también florecieron establecimientos que recibían a comerciantes, viajantes y pasajeros.

Entre los nombres recordados aparecen el Liverpool, el Grand Hotel, el Vasconia y el España, posteriormente conocido también como Central.

La llegada del ferrocarril en 1894 favoreció el movimiento de personas y mercaderías. La estación era una puerta de entrada a la ciudad y los hoteles céntricos acompañaban esa actividad.

Mientras algunos turistas llegaban buscando el mar, otros venían por negocios, trabajo o asuntos familiares.

Así, la hotelería se convirtió en parte de la vida cotidiana y del desarrollo económico de Necochea.

Cuando comenzaron a cambiar los tiempos

Con el correr de las décadas, el turismo se fue transformando. Las vacaciones comenzaron a estar al alcance de más familias y crecieron los hoteles familiares, las pensiones y los alojamientos de distintas categorías.

Uno de los grandes establecimientos de esa etapa fue el Hotel Atlántico, inaugurado en 1928. Contaba con más de cien habitaciones y amplios salones. Sin embargo, en 1958 dejó de funcionar como hotel y el edificio pasó a utilizarse como departamentos.

El Hotel Trocadero, por su parte, funcionó hasta 1979, cuando el lugar dio paso al desarrollo del Paseo Centenario.

Y en 1961 llegaron dos pérdidas importantes para el patrimonio hotelero: fueron demolidos el Hotel Necochea y el Hotel París.

Los tiempos habían cambiado. Los departamentos y las casas de alquiler ganaban terreno, mientras los costos y las nuevas costumbres modificaban el negocio hotelero.

Como dice el refrán, no hay mal que dure cien años ni cuerpo que lo resista, aunque en este caso no se trató solamente de dificultades: también cambió la manera de vacacionar.

El ocaso y la memoria

Cuando desaparece un hotel, no se pierde solamente un edificio. También se van historias de propietarios, empleados, cocineros, mozos y mucamas; recuerdos de familias y anécdotas de quienes pasaron allí sus vacaciones.

¿Cuántos chicos habrán conocido el mar por primera vez alojados en alguno de aquellos hoteles? ¿Cuántas familias habrán regresado año tras año al mismo establecimiento? ¿Cuántas historias de amor habrán comenzado durante un verano necochense?

Muchas de esas vivencias nunca quedaron escritas. Sobreviven en fotografías amarillentas y en la memoria de quienes tuvieron la suerte de conocer aquella época.

Por eso es importante recuperar testimonios, nombres, fechas y documentos. Cada recuerdo puede aportar una pieza a este rompecabezas de nuestra historia.

Porque, como dice otro viejo refrán, nadie sabe lo que tiene hasta que lo pierde.

Necochea sigue siendo una ciudad turística, pero conocer su pasado nos ayuda a comprender cuánto esfuerzo hubo detrás de su desarrollo. Los hoteles de ayer fueron protagonistas de una época que merece ser recordada.

Los edificios pueden desaparecer, los negocios cerrar y las generaciones pasar. Pero mientras alguien conserve una fotografía o relate una anécdota, una parte de aquella historia seguirá viva.

Si conociste alguno de estos hoteles o guardás algún recuerdo familiar, compartilo en los comentarios. Entre todos podemos reconstruir la memoria de nuestra ciudad.

Y si te gustan estas historias, suscribite a Secretos de Necochea y Quequén.

 Los hoteles que se fueron

Se fueron los hoteles de antaño,
con sus historias de amor y amistad;
quedó la nostalgia de aquellos veranos,
sus voces dormidas en la inmensidad.
Necochea los guarda en su memoria,
¡porque un pueblo sin recuerdos pierde su historia!