Después no digan que no les avisamos
El nuevo presidente del Consorcio de Gestión de
Puerto Quequén y el gobernador de la provincia harían bien en poner las barbas
en remojo. Después no digan que nadie les avisó.
Son las siete de la mañana y hoy vamos a abordar un
tema que puede resultar polémico. Todo nuestro planteo se sostiene sobre una
pregunta fundamental:
¿Cómo es posible que, frente a los problemas de
conducción y las oportunidades de desarrollo que tiene Puerto Quequén, no se
advierta una política más firme, planificada y eficaz?
No pretendemos tener todas las respuestas. Pero
tenemos derecho a preguntar, analizar y exigir explicaciones. Una cosa es
formular una acusación sin pruebas y otra muy distinta es señalar problemas que
merecen ser investigados y corregidos.
La conducción y sus responsabilidades
En primer lugar, corresponde revisar la estructura
jerárquica del puerto, las remuneraciones, las funciones asignadas y los
resultados obtenidos. ¿Cada puesto está ocupado por personal con la formación,
la experiencia y la capacidad necesarias? ¿Existen criterios transparentes para
las designaciones y evaluaciones?
También es razonable preguntar si los vínculos
personales o familiares pueden influir en esas decisiones. No afirmamos que
exista una irregularidad por el solo hecho de que haya relaciones personales:
reclamamos que la idoneidad sea el criterio principal y que las designaciones
puedan justificarse con información verificable.
En una institución estratégica, las cuentas claras
conservan la amistad. La sociedad tiene derecho a conocer cómo se utilizan los
recursos y qué resultados obtiene a cambio.
Mientras tanto, dentro del puerto se acumulan
preocupaciones. Y como dice el refrán, quien siembra vientos cosecha
tempestades.
Durante la presidencia de Jorge Álvaro, según
nuestra apreciación, hubo mayor tranquilidad en determinados aspectos de la
gestión. Consideramos que procuraba anticiparse a los conflictos gremiales y
buscar soluciones antes de que los problemas se agravaran. Esa experiencia
merece ser examinada, porque en la actividad portuaria la prevención y el
diálogo son fundamentales.
Más vale prevenir que curar.
El paro de camiones: ¿se pudo evitar?
El paro de camiones ocurrido este año dejó una
enseñanza que no deberíamos ignorar: los conflictos portuarios pueden tener
consecuencias que van mucho más allá de las partes involucradas.
En un país con inflación, los desacuerdos por
tarifas, costos operativos y condiciones de trabajo son previsibles. Por eso
sostenemos que una conducción experimentada, respaldada por asesores idóneos y
conocedores de la actividad, debería anticiparse a esas dificultades.
¿Se pueden eliminar todos los conflictos? No sería
serio garantizarlo. Pero sí se puede trabajar para prevenir los evitables,
negociar antes de llegar a una paralización y reducir sus consecuencias.
La experiencia de un presidente se demuestra, sobre
todo, en su capacidad para anticiparse a los problemas, no solamente en su
reacción cuando ya estallaron.
A nuestro entender, la falta de experiencia y de
asesoramiento técnico adecuado pudo haber contribuido a que el conflicto
llegara a ese punto. Para establecer las responsabilidades concretas,
naturalmente, habría que examinar las negociaciones, las decisiones adoptadas y
la actuación de las partes.
Un puerto paralizado afecta a transportistas,
productores, empresas y trabajadores; puede comprometer exportaciones y
perjudicar el ingreso de divisas. En una Argentina que necesita generar
actividad y empleo, estos riesgos requieren la máxima atención.
Señor gobernador: usted también debe responder
Aquí hay una responsabilidad política que no
podemos pasar por alto.
El gobernador interviene en la designación de las
autoridades del Consorcio. Por eso, además de elegir a quien considera
adecuado, debe evaluar su desempeño y exigirle resultados. No alcanza con
nombrar a un presidente y esperar que los problemas se resuelvan solos.
Además, el Gobierno provincial dispone de
herramientas políticas e institucionales para facilitar el diálogo entre los
sectores involucrados, contribuir a prevenir conflictos y coordinar políticas
de desarrollo.
Esto no significa que el gobernador pueda resolver
unilateralmente cada disputa. Significa que tiene la responsabilidad de
utilizar sus atribuciones para promover soluciones y controlar la gestión de
quienes designa.
Si la conducción no está a la altura de las
circunstancias, corresponde revisar el rumbo. Quien tiene la responsabilidad
de elegir también debe hacerse cargo de evaluar los resultados.
Por eso le preguntamos: ¿Qué plan tiene la
provincia para que Puerto Quequén deje de administrar solamente la actividad
cotidiana y se convierta en un verdadero motor de desarrollo regional?
Un puerto necesita proyectos, no solamente
anuncios
Puerto Quequén necesita una relación permanente con
los sectores productivos de su hinterland, es decir, su zona de
influencia económica. Debe promover acuerdos con universidades, municipios,
empresas pesqueras y otros actores productivos.
También es necesario estudiar la modernización
ferroviaria, mejorar los caminos y evaluar la incorporación de una estación de
contenedores que facilite el transporte de mercaderías con mayor valor
agregado.
No basta con enumerar proyectos. Hay que analizar
su viabilidad, calcular costos, buscar financiamiento y establecer plazos de
ejecución.
Se anunciaron iniciativas que despertaron
expectativas. Entre ellas, el soterramiento de las líneas eléctricas de alta
tensión y el nuevo puente Ezcurra, que podría tener relevancia para la
integración y la logística portuaria. Sus respectivos estados y posibilidades
de concreción merecen información pública y actualizada.
Porque del dicho al hecho hay mucho trecho.
Los anuncios no mejoran por sí solos la infraestructura ni crean puestos de
trabajo. La comunidad necesita saber qué se hará, cuándo, con qué recursos y
bajo qué responsabilidades.
Y llegamos a la pregunta central de este video:
¿Cuándo va a volver Puerto Quequén a ser un punto
de desarrollo significativo para toda la región y no solamente una estructura
dedicada a sostener su funcionamiento cotidiano?
Idoneidad, transparencia y desarrollo
Para conducir un puerto de esta importancia hacen
falta conocimientos de comercio exterior, logística, infraestructura y negocios
portuarios. La política es necesaria para establecer prioridades y construir
acuerdos, pero no puede reemplazar la capacidad técnica.
El licenciado Luis Musolino, a quien identificamos
por sus conocimientos en materia portuaria, ha puesto el acento en la
importancia de la preparación para conducir instituciones de esta naturaleza.
Compartimos ese criterio: los cargos deben responder a las necesidades de la
institución y no convertirse en premios o soluciones personales.
Del mismo modo, los contratos, los gastos y las
decisiones administrativas deben poder examinarse. Si existen dudas, hay que
aclararlas con documentos, controles y rendición de cuentas. No corresponde dar
por probados hechos que no se han demostrado, pero tampoco ignorar preguntas
legítimas.
Puerto Quequén tiene una ubicación estratégica, una
importante zona productiva y capacidad para contribuir al crecimiento de
Necochea, Quequén y toda la región. Sin embargo, el potencial no se transforma
automáticamente en prosperidad: hacen falta planificación, inversiones,
coordinación y continuidad.
Una advertencia que todavía puede ser
escuchada
Señor gobernador: usted tiene la responsabilidad
política de exigir una gestión eficiente y de utilizar sus atribuciones para
impulsar los cambios necesarios. Al nuevo presidente del Consorcio le
corresponde demostrar que cuenta con la experiencia, el equipo y la capacidad
para cumplir esa tarea.
No queremos que el puerto fracase. Queremos que
crezca, genere trabajo, aumente las oportunidades para las empresas de la
región y contribuya al desarrollo nacional.
No estamos anunciando una catástrofe. Estamos
señalando riesgos y reclamando medidas preventivas. Gobernar es prever,
corregir a tiempo es demostrar inteligencia y escuchar las críticas también
forma parte de una gestión responsable.
Por eso terminamos con dos preguntas:
¿Están las autoridades preparadas para anticiparse
a los conflictos y desarrollar todo el potencial de Puerto Quequén?
¿Quién asumirá la responsabilidad política si se
dejan pasar las oportunidades y una crisis evitable termina perjudicando a toda
la región?
Todavía están a tiempo de demostrar que pueden
cambiar el rumbo.
Pongan las barbas en remojo. Después no digan que
no les avisamos.
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