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viernes, 16 de octubre de 2026

MALONES

 

  EL MALÓN DE 1853 EN EL SUDESTE BONAERENSE

Quequén Grande, Lobería y las estancias que perdieron miles de animales

Cuando hablamos de los malones en la provincia de Buenos Aires, muchas veces pensamos en hechos lejanos, ocurridos en lugares que apenas conocemos. Sin embargo, el sudeste bonaerense también fue escenario de incursiones indígenas que dejaron una profunda huella en las estancias y en la vida de sus pobladores.

Hoy vamos a recordar un episodio ocurrido en 1853, en tiempos de enfrentamientos políticos entre Buenos Aires y la Confederación Argentina. Una lucha entre los propios argentinos que debilitó las defensas de la frontera y complicó las relaciones con los pueblos indígenas.

Como dice el refrán campero: «A río revuelto, ganancia de pescadores». Y en medio de aquel desorden, la frontera volvió a sufrir las consecuencias.

Una incursión que golpeó al sudeste

En febrero de 1853 se produjo una importante incursión indígena que afectó distintos establecimientos rurales. Las investigaciones históricas mencionan pérdidas en la zona de Lobería y Tres Arroyos, además de otros lugares de la frontera bonaerense.

En estos acontecimientos aparecen nombres como Pichuiñ, Baigorria y Calfucurá. Las alianzas y las responsabilidades no siempre están del todo claras en los documentos de la época, por lo que conviene evitar conclusiones apresuradas.

Hay un dato especialmente interesante para nuestra historia regional: los documentos mencionan a Quequén Grande. La zona formaba parte de un territorio de circulación y presencia indígena mucho antes de que existieran las ciudades actuales.

Esto no significa que podamos afirmar que el malón atravesó el casco urbano de la actual Necochea o Quequén. Lo que sí podemos decir es que el sudeste bonaerense sufrió pérdidas importantes y que existen registros históricos que permiten conocer parte de sus consecuencias.

Los estancieros y los animales perdidos

Un documento de la época, citado por la historiadora María Fernanda Barcos, reúne una relación de los daños atribuidos a los indígenas de Quequén Grande. La lista fue confeccionada a partir de partes recibidos por las autoridades de entonces.

Según ese registro, las pérdidas declaradas alcanzaron 161.920 vacunos, 33.750 yeguarizos y 2.200 lanares. En total, casi 198.000 animales.

Entre los damnificados aparecen los siguientes nombres y cantidades:

  • Francisco Bosch: 20.000 vacunos y 5.000 yeguarizos.
  • Guerrico: 15.000 vacunos.
  • Irola: 15.000 vacunos.
  • Mendiburo y compañía: 12.500 vacunos y 2.500 yeguarizos.
  • Sesano Cristiano: 10.000 vacunos y 2.000 yeguarizos.
  • Caseres: 8.000 vacunos.
  • Coria y Arana: 5.200 vacunos y 1.150 yeguarizos.
  • Luciano Medina y Pancho Paz: 4.200 vacunos, 1.250 yeguarizos y 200 lanares.

La relación original incluye muchos otros damnificados, algunos identificados por sus nombres y otros agrupados como personas cuyo nombre se desconocía.

Debemos aclarar que son cantidades consignadas en el documento histórico, no cifras verificadas de manera independiente.

Como dice el refrán campero: «El ojo del amo engorda el ganado». Pero cuando se perdían miles de animales en una incursión, no bastaba con cuidar la hacienda: también estaba en juego el porvenir de las familias y de toda la economía rural.

Una frontera en conflicto

Para comprender estos acontecimientos, debemos recordar que la frontera no era una línea fija ni un espacio vacío. Era un territorio disputado, donde convivían intereses económicos, negociaciones políticas, alianzas y enfrentamientos.

Los pueblos indígenas tenían sus propias estrategias y relaciones con las autoridades. También hubo ataques contra establecimientos rurales, apropiación de ganado y cautivos. Contar esta historia exige reconocer esa complejidad, sin ocultar los sufrimientos de quienes padecieron la violencia.

La guerra civil entre Buenos Aires y las fuerzas federales de Hilario Lagos agravó la situación. Cuando las autoridades se enfrentaban entre sí, la protección de la campaña quedaba debilitada.

De ahí otro dicho muy nuestro: «Más vale prevenir que curar». Aunque en aquellos años, muchas veces, la prevención llegaba tarde y las consecuencias eran enormes.

Una historia que merece ser recordada

El malón de 1853 nos permite mirar de otra manera el pasado de Lobería, Tres Arroyos y la región de Quequén Grande. Detrás de las cifras hay estancias, familias, peones y pobladores que vivieron en una época de incertidumbre.

Los documentos no responden todas las preguntas, pero nos acercan nombres y cantidades que de otro modo se habrían perdido. Por eso es importante investigar, comparar las fuentes y distinguir lo que está documentado de aquello que todavía necesita confirmación.

Porque la historia de nuestra región no comenzó con la fundación de sus ciudades. Mucho antes, estas tierras ya tenían caminos, pobladores, conflictos y memorias.

Y como reflexión final, unas coplas para recordar aquella frontera:

Por los campos del sudeste,
la historia dejó su señal;
hubo hacienda, hubo penurias,
y una frontera sin paz.
Que los documentos nos cuenten
lo que no debemos olvidar.

Fuente histórica: María Fernanda Barcos, «Tratos, batallas y malones. El accionar indígena en la frontera sur durante el sitio a la ciudad de Buenos Aires», revista Corpus, 2017. La relación de pérdidas citada en el artículo proviene de documentación histórica del Archivo General de la Nación.

 

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