Jajaja…
¿No estaremos embrujados los necochenses y quequenenses? No creo en las brujas, pero que las hay, las hay. Siempre veo escobas en las casas de mis amigos y parientes. ¡Y algunas parecen tener más años que sus dueños!
Como dice un viejo refrán: «Yo no creo en las brujas, pero de que vuelan, vuelan».
¿Quién no se ha hecho leer las manos, consultar la borra del café, acudir a una curandera o pedir que le echen las cartas para conocer el futuro? ¿Cuántos hemos recurrido a esos lugares, perseguidos por dudas e incertidumbres? A veces creemos que la solución está más allá de nuestra inteligencia. Y hasta las personas más importantes y preparadas tienen sus temores.
Porque, como dice el refranero popular, «el miedo no es zonzo, pero a veces se disfraza de prudencia».
Aunque científicamente no se haya comprobado la existencia de poderes mágicos, hay quienes aseguran haber encontrado alivio en estas creencias. ¿Será sugestión, casualidad, fe o algo que todavía no alcanzamos a comprender?
Como dice otro dicho: «Cuando la razón se queda sin respuestas, la imaginación abre sus ventanas».
Este tema me retrotrae a la década del noventa, cuando escribí Médano Blanco. En sus páginas encontré una historia que merece ser contada.
El intendente y el centro de energía
En las charlas habituales que Bastian mantenía con Don Juan, un día el viejo le confesó que tenía algo importante que contarle sobre sus incursiones al centro de energía. Le pidió absoluta discreción y le rogó que no divulgara la historia hasta después de su muerte.
Don Juan tenía una linda amistad con un médico anestesista al que había conocido siendo muy joven y que, con el tiempo, llegó a convertirse en un importante político local.
Era frecuente que el médico visitara la casa del viejo, en la playa de Quequén. Mate de por medio, conversaban sobre distintos temas. Don Juan le contaba sus vivencias de la época en que había trabajado como procurador y sus viajes como piloto de avión.
Pero todo cambió alrededor de 1995, cuando aquel médico fue elegido intendente de la ciudad.
La responsabilidad de conducir una comuna, los intereses políticos contrapuestos y los problemas sociales comenzaron a ejercer una presión enorme sobre él. Su salud se resintió y su organismo empezó a dar señales de desequilibrio.
La hipertensión lo atacaba durante las discusiones: la cara se le transformaba y los nervios parecían dominarlo. Cuando los problemas se volvían difíciles de resolver, aparecía el insomnio. No podía dormir.
En sus charlas con Don Juan, le confesaba que cada día recurría a más sedantes para tranquilizarse, pero el resultado era contraproducente. Su rendimiento desmejoraba y, durante los actos de gobierno, a veces tartamudeaba al pronunciar sus discursos. En su casa parecía un zombi.
Su esposa le recomendó consultar a una psicoanalista amiga. Él, poco convencido de esa terapia, prefirió pedirle consejo al viejo.
Don Juan le explicó que, muchas veces, para curar las heridas de la mente necesitamos recurrir a aquello que menospreciamos o que no alcanzamos a comprender.
Y aquí cabe aquel refrán poco recordado: «No hay peor ciego que el que no quiere ver, ni peor sordo que el que no quiere oír».
El viejo se ofreció a llevarlo al centro de energía de Médano Blanco, con la intención de ayudarlo a equilibrar sus energías, demasiado alteradas —según su interpretación— por la intensidad de la actividad política. Allí realizarían los rituales necesarios y observarían los resultados.
El médico, por su formación profesional, le respondió que no podía aceptar semejante método de curación. Sin embargo, pasado un tiempo, terminó aceptando la propuesta.
Y fue con fe. Con esa fe que mueve a los creyentes, confiando en la palabra del viejo que lo acompañó tres veces durante un período de dos meses. En cada visita lo expuso en el punto exacto del supuesto vórtice energético.
Según cuenta la historia, a partir de entonces las cosas comenzaron a cambiar.
Dios pareció acompañarlo. El intendente logró afirmarse en su carrera, dejó de participar en discusiones estériles y se mostró más maduro, sereno y flemático. Finalmente, concluyó su mandato con éxito y el gobernador lo designó director de Salud de la provincia de Buenos Aires.
Una vez al año regresaba al centro de energía acompañado por Don Juan. Pero había una condición que no debía olvidar: obrar correctamente, mantenerse alejado de la corrupción y no perder la inocencia.
Porque, como advierte un viejo dicho: «El que juega con fuego, tarde o temprano se quema».
Y en política, donde las tentaciones abundan, más de uno termina comprobando que no todo lo que brilla es oro.
Una cuarteta entre el misterio y la razón
Cuando desaparece el guardián
En aquel lugar, decía Don Juan, existían misterios y cosas insondables.
Lamentablemente, cuando el viejo falleció, el político dejó de concurrir. Según el relato, ya no contaba con la autorización del guardián para ingresar por su propia cuenta.
Al dejar de regresar al centro de energía, habría perdido el equilibrio que, según creía, había conseguido. Con el tiempo, dilapidó su posición al frente del área de Salud y terminó abruptamente su período como intendente, en medio de reclamos en su contra.
¿Coincidencias? ¿Decisiones equivocadas? ¿El desgaste natural del poder? ¿O había algo más que escapaba a la comprensión humana?
Uno se pregunta si pueden ocurrir estas cosas, capaces de producir semejantes estragos en las personas. Ante tanta maledicencia, tantas rivalidades y tantas historias que circulan en los ambientes políticos, uno termina por quedarse espantado.
Decimos que no creemos en estas cosas, pero cuando escuchamos relatos semejantes, la duda comienza a trabajar silenciosamente.
Y no solamente les sucede a las personas comunes. También quienes ocupan cargos importantes, quienes tienen títulos universitarios y quienes se consideran dueños de una mente racional pueden albergar temores que jamás confesarían públicamente.
Difícilmente alguien salga a reconocer ante todo el mundo que necesita ayuda para combatir un mal que no sabe explicar. Mucho menos se atrevería a decirle a Che Tangazo, delante de todos: «Llevame al centro de energía de Médano Blanco».
Son miedos inconfesados, temores que se guardan bajo siete llaves.
Como dice un refrán de esos que invitan a desconfiar de las apariencias: «Las paredes oyen y los montes tienen ojos».
Los secretos de Médano Blanco
¿Existe un poder superior en aquel lugar misterioso? ¿Son sugestiones, creencias ancestrales o fenómenos que todavía no sabemos interpretar?
En este relato, el demonio parece hacer sus cosechas en Necochea. Y resulta difícil aceptar las supersticiones cuando uno pretende encontrar una explicación racional para todo lo que sucede.
Pero hay una pregunta que sigue dando vueltas en mi cabeza: ¿cómo habría logrado aquel personaje neutralizar los daños que, según creía, le ocasionaban las intrigas y las malas acciones de los demás? ¿Fue gracias a los rituales realizados junto a Don Juan? ¿O fue la confianza que depositó en el viejo lo que le permitió recuperar la serenidad y tomar mejores decisiones?
Y hay otra incógnita todavía más inquietante: ¿por qué Don Juan no le transmitió a aquel político el permiso para ingresar al centro de energía y, en cambio, sí se lo concedió a Che Tangazo?
Muchas preguntas y pocas respuestas.
Quizá haya llegado el momento de recordar que no todo lo que se cuenta puede demostrarse, pero tampoco todas las historias desaparecen por el simple hecho de que no encontremos una explicación.
Médano Blanco guarda sus misterios. ¿Quién los conoce realmente? ¿Quién decide quién puede entrar y quién debe quedarse afuera?
¿Será una logia masónica secreta y hermética la que comanda Damián, el guardián, mientras Che Tangazo ocupa el lugar de su discípulo?
Jajaja… No creo en las brujas, pero que las hay, las hay.
Y si alguna noche, caminando por Necochea o por Quequén, ven una escoba apoyada detrás de una puerta, no se asusten. Puede ser simplemente una escoba.
Aunque, por las dudas, yo no preguntaría demasiado.
Sentencia final
«El misterio no necesita demostrar que existe; le basta con sembrar una duda para que la razón pase la noche en vela».

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